Así Tal Cual - Esto es cultura pop...

Pokemones: a 11 años de la tribu urbana que dejó la embarrá en el país

Puede ser que te hayan gustado, puede ser que los hayas odiados, puede ser que inclusive fuiste uno… pero lo que no puede ser, es que te haya sido indiferente aquella moda que se iniciaría en aquel 21 de diciembre del año 2006, momento en el que comenzaba el verano, se iniciaban las calores, nos preparábamos pa la sobredosis de papas duquesa en navidad y año nuevo… y Chile se preparaba para una revolución estudiantil que dejaría literalmente la embarrá: el nacimiento de los Pokemones.

Resultado de imagen para eurocentro pokemones

Loco, para mi, un cabro que aquella época tenía apenas 16 años y que comenzaba a ver con mis propios ojos revoluciones tecnológicas tan impresionantes como el pendrive Master G de 64 mb, el ringtone polifónico en mi Nokia 5200 y el traspaso de archivos por infrarrojo, aquel verano fue impactante. Y no por algo en particular, sino porque fui testigo de como poco a poco mis amigos, los chicos de mi edad, mis vecinos y todo aquellos adolescentes pajeros que conocían y me rodeaban, fueron progresivamente transformándose tal como un Digimon en evolución, pasando de tener el pelo corto o mediano a grandes patillas y mechones parados por todas partes, pasando de las zapatillas de lona o las Total 90 a esos tanques gigantezcos de color blanco y marca BK, pasando de los shorts con hartos bolsillos a los jeans abombados y decorados con un cinturón con una hebilla gigantesca de una calavera, y sobre todo, pasando de adolescentes normales a pendejos ávidos de ponceo, reggaeton y planchas pal pelo. El 2007 había iniciado, y en el calendario chino era el año del pokemon.

Resultado de imagen para eurocentro

Poco a poco los lugares céntricos de las distintas ciudades de Chile pasaron a ser los centros neurálgicos del ámbito pokemon, o como algunos les decían, “pueblo paleta”. Las plazas de armas de las ciudades sureñas se llenaron de estas tribus urbanas, las salidas de los malls norteños estaban atestadas de estos especímenes, y aquel espacio ñoño llamado “Euro Centro” en Santiago recibieron una sobredosis tan grande de pokemones que pasar por el Paseo Ahumada era una verdadera ida al zoológico. Pendejos de entre 13 a 17 años se juntaban en estos lugares con un solo propósito: conocerse, escuchar reggaeton old school, intercambiar pulseritas… y lo que ustedes ya zaeh: poncear como locos. Y es que aquellas calles citadinas o aquellos colegios que estaban tomados en plena Revolución Pinguina, eran los lugares perfectos pa conocer un pokemon/a, intercambiar MSN y Fotolog, y luego dar rienda suelta a un amorío cuya banda sonora eran canciones como “Nuestro amor es así” de Magnate y “Zun Da Da” de Zion.

Pero, ¿Y como fue que tu barrio pasó de ser de la nada un lugar con niños normales a un escenario del Pokémon Red de Game Boy? Fácil: con el auge del internet. Porque claro, ahora podís conectarte donde sea y si querís mandai un “jaja” y listo. Pero antes la cosa no era así po, nonono. Antes una hora en el ciber tenía muchísima importancia. Antes una bolsa de 50 SMS tenía muchísima importancia. Antes un disquette de 1 mb tenía muchísima importancia. En un año en el que el internet no era masivo aún para todos, no podías juntar 600 pesos, ir a tu ciber más cercano y perder el tiempo haciendo nada, porque era ahí donde podías jotearte a alguien por MSN, descargar todos los nuevos éxitos del disco “Barrio Fino” de Daddy Yankee por Ares, subir tu foto diaria a Fotolog y comentar la mayor cantidad de veces “oye, agrega a F/F”, etc. Porque ahora hay pendejos a los que se les llama” nativos digitales”, quienes desde niño han vivido con la tecnología en la mano. Pero fue la generación del 2000, y en particular, la de los pokemones quienes le dieron la importancia que tiene ahora (por algo un pokémon podía vender hasta la mamá por una cuenta de Fotolog gold).



Resultado de imagen para fotolog gold

Pero la cosa no se quedaba ahí, porque entre planchas pal pelo y ropa ancha, había toda una filosofía más allá, una que se tenía hasta lenguaje propio. Sino, recuerden que los pokes de la época utilizaban una variente de la RAE inventada por ellos y que hacía sangrar de los ojos a cualquier erudito:

“Poncear” = agarrarse minas o minos en la disco.

“Andai kudai” = andar volao como piojo.

“Lavar la perra” = matar el tiempo tomando en la plaza.

“Zumbao” = alguien que se sobrepasaba.

“Tay más trillá” = mina que ya se los comió a todos.

… y así podría estar todo el día, sacando palabras de un diccionario que, si había que venderlo en alguna parte, tendría que ser en discos como la Luxor en Santiago o cualquiera de regiones donde permitieran hacer fiestas en la tarde. Porque sí, el pokémon no vivía de noche, ya que todavía era un pendejo que dependía de la mamá. Así que el lugar en donde comerse minas/os, juntar un brazo entero de pulseras color fluor o ir a bailar C-WALK y dislocarse las rodillas al ritmo del reggaeton, era en aquellas fiestas que comenzaban cerca de las 3 y terminaban como a las 7. Lugares con 30 grados de calor y un ambiente tan sopeao y pasao a hormonas que si te movías un centímetro, quedabas automáticamente embarazada de trillizos. ¿Y todo para qué? Para poder ver a su figura favorita de programas como Yingo, El Diario de Eva o los matinales de la época. Porque Arenita, Heber Espinoza el “rey pokemon”, K-neza, Hardcorito, Lelo, Poke Kaminsky y muchos otros le debieron su repentina fama a aquellos programas que mostraban que un pokemon también podía tener problemas sentimentales (Como El Diario de Eva), o donde demostraban sus dotes “artísticos” (Como en el Buenos Días A Todos).

En fin, como toda moda pasajera, los pokemones estaban destinados a desaparecer, y así ocurrió cuando estos adolescentes se volvieron adultos, comenzaron a tener responsabilidades, se cortaron el pelo y dejaron de escuchar reggaeton. El tiempo de las tribus urbanas terminó, se fue la década del 2000s… los pokemones murieron. Pero a 11 años de aquel explosivo Big Bang adolescente repleto de hormonas, si alguien te pone “Poncea, dale, poncea”, sé que todavía te van a pasar cositas. Porque aunque un pokémon se vista de seda, pokémon queda.

Imagen relacionada

 

Comentarios

Comentarios