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Oda a ir al Ciber: el paraíso adolescente de los 2000 a solo una cuadra de distancia

Para la generación actual, la de los “centellials” (puta el nombre malo oh), conectarse a internet es casi tan común y corriente como tomar agua o comerte un pan con lisa. Y es que esta generación nació siendo nativa de internet, es decir, que siempre vieron computadores, celulares y conexión a la web como algo común y corriente en sus vidas. Ah, y pa qué decir de los bebés que van naciendo ahora, esos a los que los papás le chantan todo el día un celular con videos de Peppa Pig hasta que la guagua queda con los ojos como huevo frito y hablando aún más retardadamente.

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Pero bueno, la cosa no siempre fue así, ya que nuestra generación, la de los millenials (me causa urticaria decir esto, es tan siútico), nació y creció viendo toda esa transformación desde los celulares ladrillos a los actuales smartphones o desde que el PC fuera un elemento exclusivo en las casas hasta ahora que absolutamente todos tienen uno. Y en ese aspecto, mi generación que creció usando un pc solo cuando iba a la sala de computación del colegio a jugar a “La Plaza” en una monstruosidad con Windows 98, necesitaba de más cosas en los años 2000. Llegaba la adolescencia, la etapa de la edad del pavo, la calentura producida por programas como Mekano o ritmos musicales nuevos como el reggaeton… y la explosión de las tribus urbanas. En ese sentido, ¿Qué sería lo mejor para poder divertirse y pasar el tiempo? Y eh ahí la respuesta viene como un mazazo a la cabeza, un mazazo de 600 pesos la hora: El querido ciber, aquel lugar donde pasamos horas enteras pegado a un pc y viendo con nuestros propios ojos eso que cuando chico solo lo podíamos ver una vez por semana en el colegio.

Y es que en la década en donde surgió el discman, las redes sociales y los juegos java pa los celulares, había que tener alguna forma de acceder a la nueva tecnología que el mundo nos presentaba, y qué mejor que hacerlo en aquel amado negocio de la esquina en donde una señora lo tuvo años como un simple almacén de abarrotes, pero que de un momento a otro comenzó a cambiar la comida no perecible por más espacio para poner uno que otro computador, hasta que ya definitivamente la cosas cambiaba de rubro y se transformaba solamente en PC tras PC. En aquél lugar es donde nuestro aburrimiento adolescente encontraba mayor espacio para poder ser disperso. Ahí es donde uno entraba y decía “Hola Señora, ¿Me puede dar porfa una hora?”, a lo que ella respondía “ya mijo, computador 8”, y ahí es cuando uno se dirigía a aquel cubículo bien cerrado -más de lo debido ah- donde se sentaba y comenzaba a navegar por un nuevo mundo nunca antes visto. Eso sí, solo ahora soy consciente de que mis manos tocaban teclados y mouses que podían haber estado pasados a cualquier sustancia viscosa extraña. Porque pa qué andamos con cosas: si los cubículos eran tan cerrados era porque el 90% de los que iban eran puros pendejos faltos de amor con ganas de ver porno y pajearse de lo lindo con videos bajados por Ares.

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En fin, fuera pa ir a hacer una tarea y guardarla en un disquette o pa simplemente entretenerte un rato, aquellos PCs de tu ciber más cercano eran simplemente un mar de panoramas condensados en un solo lugar. Podías ir con tu MP3 Master-G de 64 mb recién comprado a llenarlo de canciones descargadas de Ares, canciones que, eso sí, igual se descargaban bien lentas y tenían nombres extrañísimos tipo “M4yor_qu3_yo_BlinblineoNet_ARESTA.mp3”; Podías ir a despertar tu curiosidad viendo todos los virales de la época tipo “Obedece a la morsa”, “El piquero rompe hocicos”,  la pelea de Naruto con Gaara con música de Linkin Park de fondo, o algún compilado con las mejores jugadas de Ronaldinho en el Barcelona, todos disponibles en aquella nueva plataforma llamada Youtube; Podías ir a afianzar tu mundo de tribus urbanas subiendo tu foto diaria a Fotolog (porque obvio, si íbamos a un ciber fue porque éramos demasiado pobres pal Fotolog Gold), mientras chateabas y ponceabas virtualmente con el/la chic@ que te gustaba a través de MSN; O más bakán aún, podías ir con unos 3 amigos y pegarte sus buenos tarreos de Counter Strike 1.6 o Age of Empires (ah, y pa qué hablar de ir a imprimir en un papel todos los códigos de GTA San Andreas, un clásico).

En fin, las posibilidades eran infinitas en una hora de internet. Y es que pa aquellos que no conocíamos lo que era tener un smartphone con plan o wifi en la casa, el ciber era EL lugar donde podíamos pasar el tiempo de buena forma. Un lugar donde tenías que dar la vida chateando lo más que pudieras en MSN o descargando la mayor cantidad de canciones o videos en Ares (sí, esos videos que eran tipo “High School Musical” y al final terminaban siendo una película porno), porque aquel contador de minutos de uso del PC era lo más adrenalínico que podías ver, y cuando marcaba la hora justa lo único que te quedaba era haber tenido la cuea de haber cerrado bien todas tus redes sociales o sino jodiste nomás. Aunque bueno, nunca faltaba el típico grito de “YAAAPO TÍA, DÉJEME CERRAR EL MESSENGER POR ÚLTIMO”. Bueno, los cibers aún existen pero cada vez son más y más escasos, y ya no tienen la mística de antes (todos sabemos que ahora los cibers sirven pa puro imprimir el currículum o algún certificado que te pidan en la pega). Nada como aquellos gloriosos años 2000s en donde podíamos pasar horas y horas junto a nuestro amigos, disfrutando de una tecnología que, inocéntemente, nos hacía felices.

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Ah, a todo esto: ¿Alguien sabe por qué se llamaban “Ciber café”? Yo por lo menos jamás me tomé un café en uno.

 

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