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Oda a “El Club de los Tigritos”: la razón por la cual corríamos cada tarde del colegio a la casa

Aún tengo en mi mente esos días de finales de los 90s en los que esperaba sentado en mi pupitre impaciente a que pasaran los minutos para poder salir del colegio. Ustedes dirán: Obvio, si cuando niño uno lo que menos quiere es ir colegio. Bueno, mi pensamiento no era ese en realidad, sino que mi misión era otra: esperar que el inspector fuera pajeramente a tocar la campana del colegio para así, sin siquiera despedirme de mis compañeros, salir rajado de la escuela, correr desenfrenadamente unas 5 cuadras, y llegar a mi casa directamente a prender la tele. Y no, no es que tuviera un amor por la televisión o que fuera adicto a ella, sino que todos mis sentimientos estaban puestos en un programa en particular que daban cada tarde y que, para mi, era realmente lo más cerca a estar del paraíso: El Club de los Tigritos.

Sí, aquel programa conducido por una hermosa y diosa griega Carolina Gutiérrez, la cual con su voz FM iba conduciendo el programa y presentando lo que a mi me interesaban: los animés japoneses que pasaban en el programa. Porque loco, series normales podías ver todo el día en Cartoon Network o Nickelodeon… pero seriazas que incluyeran superpoderes, historias intrigantes, monstruos fantásticos y todas esas volás que a un pendejo le hacen explotar la cabeza, solo las conseguías en los animés. Y, a pesar de esa extraña moda que empezó a surgir en las mamás chilenas de que los “monos chinos” eran satánicos porque una vecina se lo dijo, aún así nada podía evitar que no sintiéramos un amor desenfrenado por estas series provenientes del oriente. Y en ese sentido, El Club de los Tigritos eran algo maravilloso, algo fantástico, un programa hecho solamente para niños y que hacía que tu tv se transformara en un artefacto que te hacía viajar por historias distintas.

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Bueno, a pesar de que este programa comenzó el año 1994 emitiendo la versión original que es venezolana y que se llama igual (y que no tenía absolutamente nada que ver con animé, sino que más parecía una mezcla extraña entre Cachureos y el show de Xuxa), fue en 1996 que Chilevisión se pega la cachá y transforma este programa en una versión chilena donde comenzaron a dar series niponas, las cuales jamás pensaron que calarían tan hondo en toda una generación. Porque sí, El Club de los Tigritos fue el causante de muchísimas niñas se creyeran Sailor Moon y pelearan “en nombre de la luna” en los recreos del colegio; también fue causante de cientos de pendejos que comenzaron no a patear las pelotas, sino que a botearlas y encestarlas creyéndose Hanamishi Sakuragi; o ni siquiera había que creerse algo, sino que simplemente coleccionar las cientos de cosas que salieron provenientes de los animés dados por estos programas.

Es que pa qué andamos con cosas, El Club de los Tigritos además de ser un programa que te entregaba entre 4 o 5 series pa poder ver (y todas con distinta temática), también era EL programa que tenías que ver pa poder comentar al otro día con tus amigos del colegio. Porque si no sabías qué había pasado en el último capítulo de Los Caballeros del Zodíaco, si no cachabas cual había sido el último caso resuelto por Conan, si no cachaste la transformación de Agumon en Digimon o si te perdiste el último lio amoroso que estaba pasando en Ranma 1/2, simplemente te quedabas colgado y no sabías de qué poder hablar. Es que loco, estas series eran la cumbia, la vida, la razón por las que jugábamos creyéndonos tener superpoderes o por las cuales queríamos comprar álbumes de Salo y coleccionar tazos sacados de aquellos ricos Gatolates noventeros.

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Quizá lo único que podría tirarle en contra a El Club de los Tigritos era que tenían esa maldita manía de hacer que te metieras en una serie, ir mirándola sagradamente pa no perderte nada de lo que sucedía, y justo cuando iba a pasar algo bueno… ¡SE LES OCURRÍA VOLVER LA SERIE A SU PRIMER CAPÍTULO! ¡AAAAAAAHHH, MALDITA SEA, QUÉ PASA AHORA… COMPASIÓN QUE EL INTERNET AÚN NO EXISTE!!!!  Aún así esas maravillosas canciones de los opening y ending, esas historias tan atrapantes, y esos comerciales españolísimos de la Rosalba y el Chiquitín cacú, hicieron de nosotros una generación marcada por este programa. Tiempos maravilloso cuando aún la tele se preocupaba de los niños y no llebana su tarde solo con programación cebollera y sin sentido, sino que tenían un espacio para que ese niño que quería tener un pokemon y ser amigo de Doraemon, fuera feliz <3

 

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