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Las 5 cosas típicas y maravillosas de comprar y comer helados en bolsita cuando niños

Se acerca el verano (aunque en algunas partes ni se nota con toda la lluvia que ha caído), se vienen los tiempos de calor, la época de descanso para algunos y diversión para otros. Y si hay algo que siempre nos rememore el verano son los helados: aquellas golosinas hechas para refrescar la garganta y el cuerpo con sabores de distinta variedad. Pero si hay algo que caracteriza los 90s y la primera década del 2000 en torno a esto, son aquellas maravillas conocidas como “cubitos” o helados en bolsita, esa invención de un jugo Yupi metido dentro de una bolsa, congelado en el refri y luego vendido a 20 pesos por tu vecino más cercano. Y loco, todo recuerdo comiendo de estos helados es maravilloso, ya que es algo que casi está arraigado en nuestra memoria de infancia. Por eso hoy le hacemos un homenaje al helado del pueblo, al vecino del frente y a la mamá/tía/abuela que los hacía y te los daba gratis, con un TOP 5 llamado: LAS 5 COSAS TÍPICAS Y MARAVILLOSAS DE COMPRAR Y COMER HELADOS EN BOLSITA CUANDO NIÑOS.

1.- El vecino que los vendía siempre ponía un cartel en su ventana para que todos supiéramos:

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Lo maravilloso de los helados en bolsita, o como algunos les llamaba, “cubitos”, es que eran una golosina no monopolizada ni por alguna gran empresa corporativa ni por el almacén de la esquina más cercano, sino que siempre se vendían en los lugares más cercanos posibles: las casas de los vecinos. Y es chistoso pero apenas comenzaba a llegar la temporada primavera-verano con harta calor (como antes, no ahora que hasta en verano se pone a llover), automáticamente varias casas de la pobla comenzaban a llenarse con letreros en sus ventanas que decían “se venden helados en bolsa, a 20 pesos los de fruta y a 30 los de leche”.  Por eso, gracias eternas a aquellos vecinos que vendían helados, fue gracias a ustedes que nuestros veranos fueron más refrescantes <3


2.- Costaban entre 20 o 30 pesitos, una ganga:

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No había absolutamente nada malo dentro de estos helados. Eran ricos, eran refrescantes, había harta variedad… y lo mejor de todo, eran ridículamente baratos. En los 90s y comienzos del 2000, podías encontrarlos en todas partes a 20 o 30 pesitos, dependiendo del sabor. Quizá en algunas partes se vendía a 40 pesos, y eso ya era demasiado caro porque la idea de estas golosinas era que con apenas 100 pesos te alcanzaba pa un verano completo. Lo terrible de ahora es que aquellos que se les ocurre vender helados lo hacen con precios ridículamente caros como $100 o inclusive hasta $200 por un cubito sabor naranja. Cacha po, terrible. Es por cosas como esas que nuestro país está como está, y se merece aún más miserias.


3.- Siempre los helados de leche eran más caros:

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A ver, esto es algo que puede causar polémica, pero tengo que decirlo: jamás sabré el por qué rayos los helados de leche valían más que los helados sabor frutal (o bueno, más que sabor frutal, sabor jugo yupi). Es que bueno, en realidad a mi jamás me gustaron estos helados, así que no podía entender por qué el precio superior en comparación con los otros. Quizá era porque al ser de leche salían más caros comprarlos, quizá era porque se compraban más, quizá era porque simplemente a nuestro vecino le gustaba trolearnos… no tengo idea. Pero la cosa es que tener helados de leche más caros que los otros era una especie de regla que jamás podías romper.


4.- Si era tu mami quien los hacía, podías sacar cuantos quisieras (y dejar en quiebra el negocio):

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Ir a comprarle helados a tus vecinos era maravilloso, ir a comprarle helados a un vecino que estuviera cerca de tu casa era aún más maravilloso… pero ir a sacarle helados a tu mamá/tía/abuela porque era ella quien los vendía, era absolutamente la cuestión más maravillosa de la historia!! Es que loco, no existía nada mejor que tener el chipe libre de poder sacar todos los helados que tu quisieras y no tener que pagar un peso. Ya, puede que 20 pesos fuera una miseria, pero en mis tiempos hasta eso era algo valioso y dificil de conseguir po. Entonces tener un refrigerador donde los podías sacar gratis, era algo tan maravilloso como entrar a Narnia.


5.- En realidad el sabor se les iba altiro y siempre terminaba concentrado en la parte de abajo de la bolsita:

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Bueno, puede que hayan sido ricos, puede que hayan habido millones de variedades distintas, puede que hubiesen sido ridículamente baratos… pero tanta maravilla siempre tiene que tener un pero: el sabor de los helados apenas les duraba un par de chupadas, porque luego se transformaba solamente en un pedazo de hielo con color. Lo más triste era de que el juguito y, bueno, en realidad el “sabor”, se le iba todo a la parte de abajo de la bolsita en un concentrado que estaba ahí para que te lo tomaras, pero que igual le quitaba la mística de ir comiéndotelo junto con el helado po. Era como que un minuto después de abrir la bolsa, este helado se separaba en 2: el jugo y el hielo. Pero bueno, eran detalles tan mínimos que sinceramente me importaba un bledo.


 

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