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Las 5 cosas típicas que pasamos todos quienes tuvimos que disertar en clases con papelógrafo

La tecnología le ha solucionado la vida a todos. Ahora es más fácil comunicarse con alguien que esté lejos, puedes saber toda la información que quieras sobre cualquier cosa con solo un click, puedes comprar y pedir cosas hasta tu casa, etc. La tecnología le ha solucionado la vida a todos, y sobre todo a los cabros que ahora van al colegio y liceo, ya que cualquier disertación que quieran hacer la pueden realizar solo con los clicks de un mouse en un powerpoint y un data show que pueda proyectar eso…. pero señores, la cosa no era tan así antes, nonono, ya que nosotros los más grandes fuimos la generación que no tenía powerpoint ni data show, sino que debía disertar de la forma más rústica posible: con un papelógrafo. Esos pliegos de cartulina o papel craft que uno tenía que llenar de cosas escritas con plumón e imágenes pegadas con stick fix. Algo ultra pajero que nos hizo pasar más de un dolor de cabeza y que hoy recordamos en este TOP 5 llamado: LAS 5 COSAS TÍPICAS QUE PASAMOS TODOS QUIENES TUVIMOS QUE DISERTAR EN CLASES CON PAPELÓGRAFO.

1.- El problema de juntar varias cartulinas con scotch:

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Habían dos formas de hacer un papelógrafo: con una cartulina o con un papel craft. Pero seamos serios:  a nadie le gustaba el papel craft porque esa textura que tenía y ese color caca del que era hacía que cualquier cuestión que pusiéramos encima se viera más ordinaria que Junior Playboy. Así que todos tratábamos de que siempre nuestros papelógrafos fueran hechos de una bonita cartulina blanca o de color. El problema sí es que las cartulinas nunca eran tan grandes como pa que cabiera todo lo que queríamos escribir, por lo que había que recurrir a la vieja confiable: pegar 3 o 4 cartulinas jutas con scotch. Pero ojo que no era para nada facil, ya que ahí venía el problema de que las cartulinas te podían quedar pegadas chuecamente, que se podía acabar el schotch, o lo peor: que le pusieras scotch pero luego tuviera que sacarlo, dejando un tremendo hoyo que se veía bien feo. AYAYAI, POR QUÉ ME ODIAS TANTO DESTINO.


2.- Querer escribir sobre la cartulina a mano alzada y que te quedara ultra chueco:

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La idea de los papelógrafos era hacer que te sirvieran para poder presentar toda la materia que se te encomendó que “investigaras” (lo pongo entre comillas porque todos sabemos que en realidad la copiabas y pegabas del Encarta), por lo que era necesario llenar ese papel craft o cartulina con muchas imágenes, gráficos y títulos o palabras escritos por ti mismo con plumón lo más notorio posible. El problema venía cuando tenías que comenzar a escribir, ya que nuestro pulso ultra digno de persona con parkinson salía al vuelo, lo que hacía que cada frase que escribieras comenzar con letra arial 200 y terminara con comic sans 5, además de que todo terminaba más chueco que la carretera en cordillera. ¿Qué se podía hacer en este aspecto? Simple: usar una regla y marcar encima, o utilizar esas plantillas con las que uno podía marcar letras y figuras. Lo malo si es que era una paja ir marcando letra por letra, pero no te quedaba otra.


3.- Hacer bolsa tus Icaritos o libros viejos recortándole imágenes y pegándolas en el papelógrafo:

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Cada vez que te mandaban a hacer una investigación que requería disertarla adelante a todos los compañeros, no éramos nosotros los que pasábamos más susto… sino que nuestros Icaritos y libros de colegio antiguos. ¿Y por qué se dirán ustedes? Porque estos eran los que sufrían nuestros totales embates al tener que ser recortados, ya que siempre nuestra idea fue que hacer un buen papelógrafo requería llenarlo de imágenes, haciendo que la cuestión en realidad pareciera más una cazuela que algo para disertar. En fin, ahí estábamos nosotros dándonos la paja de ir cortando imágenes por imágenes en los icaritos o libros, dejándolos con sendos hoyos que hacían que no nos sirvieran para nada más, pero que aún así los termináramos guardando igual. ¿Para qué? Quién sabe, uno era imbécil a esa edad.


4.- La odisea de llevar tu papelógrafo al colegio sin que se te rompiera:

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Hacer un papelógrafo para disertar requería de un esfuerzo supremo, una paciencia gigantesca y una precisión horrible, todo pa que la cuestión te quedara algo digna y no terminara en la estufa. Pero lo peor no terminaba ahí, ya que luego venía la parte más terrible de todas: llevar tu papelógrafo al colegio…. ¡NNOOOOOOOOOO, SE ME VA A ROMPEEEERR!!! Y loco, uno realmente sufría caleta porque tenías que llevar toda esta cosa hasta tu escuela el día que te tocaba disertar, tratar de que en el camino no se te arrugara demasiado, no se despegaran las cosas o no se fuera a romper ni siquiera un poquito, ya que cualquier clase de destrucción haría que la cuestión te quedara horriblemente fea y que tus compañeros de grupo se te tiraran encima pa matarte. Pero bueno, si llegabas con el papelógrafo sano y salvo, eras un victorioso. Y si llegabas con algo más arrugado que la Raquel Argandoña, prepárate pal rojo.


5.- La guerra de espadas tipo Star War con las cartulinas:


La clase terminó, la disertación ya fue, tu profe te chantó un buen 7 o un rojo que te dejó con ronchas… en fin, ya nada importaba. ¿Y que sucedía en ese momento? Bueno, en el preciso instante en que se terminaba la clase, tu cartulina dejaba de ser un artefacto educativo y pasaba a transformarse automáticamente en el arma de destrucción masiva más horrible de todo el colegio. Y es que bueno, su forma la hacía perfecta pa usarla como una espada tipo sable laser de la Guerra de las Galaxias, teniendo tremendas luchas con tus otros compañeros con cartulina o simplemente usándola pa pegarles maleteramente a los demás en la espalda o la cabeza. Total la clase ya terminó, así que esa cartulina ya no era necesaria pa nosotros, solo era necesaria pa hacerle daño a los demás jijijijiji


 

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