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Las 5 cosas para comer que no podían faltar en ningún cumpleaños noventero

Los cumpleaños de los 90 fueron los mejores y más maravilloso de la historia, y cualquier pendejo millenial que venga a decir lo contrario se va de PLR. Y es que como no recordar esa mesa del comedor con un mantel de plástico con decorados, esos globos blancos con pintas de colores, las golosinas en cada puesto y el cassette de cachureos sonando todo el rato de fondo… ¡UNA MARAVILLA! Y como la comida era parte importante de estas festividades, es que hoy queremos ponernos gordos lechones y traerles a ustedes un TOP 5 sacado directamente de cada cumpleaños que tuvimos cuando chicos, llamado: LAS 5 COSAS PARA COMER QUE NO PODÍAN FALTAR EN NINGÚN CUMPLEAÑOS NOVENTERO.

1.- 303:

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Obvio que Fruna no podía no quedarse en este TOP 5, si han llenado nuestra vida y arterias de las mejores y más deliciosas golosinas de la historia. Además de que durante los 90 Fruna automáticamente se transformaba en uno de los auspiciadores oficiales de cada cumpleaños, imponiendo los tabletones y los 303 como comida casi oficial y que no podía no ponerse en la mesa del cumpleañero. Y es que bueno, estos últimos eran tan pero tan ricos que uno no podía no culpar a las mamás por comprarlo. Y como eran chiquititos, uno podía comerse 2 o 3 sin problemas. Sinceramente no tengo idea si los 303 aún existen, pero por lo menos me podré morir diciendo que me comí unos cuantos en mis cumpleaños de pendejo <3


2.- Chispop o suflés de papas:

Lo bakán y maravilloso de los 90 es que con tan solo 100 pesitos podías llenarte las arterias de la variedad de suflitos más grandes e inimaginables que te podía ofrecer el almacén de la esquina. Y como las cosas eran baratas y a todos los niños les gustaba, los papis aprovechaban pa comprar y tener en el cumpleaños. Por lo que podemos rememorar aquellos tiempos y recordar esos chispop de colores que dejaban la mesa toda sucia y más multicolor que la bandera gay, o aquellos suflitos de papas marca “Serranito” que costaban como 50 pesos y que te traían todo el maravilloso sabor salado a tu boca (además de una patá en el hígado y un posterior cáncer).


3.- Chocolates Safari:

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¿Supongo que saben que la empresa “Calaf” desapareció, cierto? Al igual que muchas otras, sucumbió ante la competencia y el libre mercado y se fue de nuestras vidas llevándose muchos maravillosos y diabéticos recuerdos. Y dentro de ellos, uno de los mejores recuerdos y más deliciosos de cada cumpleaños noventero: los chocolates Safari. Es que de verdad, era imposible tan solo pensar en un cumpleaños sin chocolates safaris, los que eran bakanes ya que eran como muy personales, por lo que podías poner uno o un par en cada puesto de la mesa. Además de que como su nombre lo dice, venía con diseño de hartos animales, así que algunos hasta coleccionaban las envolturas del chocolate. Pa que cachen lo multifacético que eran po.





4: Canapés con paté o pasta de huevo:

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Pa que cachen lo caseros y simples que eran los cumpleaños de los 90, ya que lo mejor y más delicioso que podía tener tu mamá eran unos canapés comprados en el negocio de la esquina y rellenos o con paté o con pasta de huevo hechos por ella. Y eran bakán porque mientras ella los hacía pa tenerlos listos cuando llegaran los invitados, uno podía urgar un poquito y comerse unos cuantos o pasar la pala retroexcavadora por la pasta de huevo. ¿Ahora? Imposible canapés po, demasiado ordinario gaiah, todo tiene que ser ultra caro y refinado, sino no vale la pena. AYAYAI MUNDO, CON RAZÓN ESTAMOS TAN MAL.


5.- Leche con chocolate caliente:

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Ya, si se que las bebidas y los jugos siempre han sido algo indispensable en los cumpleaños de hoy, de los 90 y de cualquier momento en la historia. Pero en tiempos noventeros no eran ni de cerca el bebestible más importante, ya que su lugar estaba reservado a algo mucho más maravilloso: leche con chocolate caliente. AAAAAAAHHH, UN MANJARRRSHHH <3 Es que loco, de verdad no había nada más maravilloso que tu mamá pasara puesto por puesto llenando el vasito de plástico con ese brebaje maravilloso que tenía un sabor espectacular. Ah, pero ojo, no leche comprada, sino que preparada por tu misma mami. Eso la hacía más deliciosa aún.


 

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